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sábado, 4 de junio de 2016

DIARIO ÍNTIMO - Enrique Federico Amiel.




A 9 de Agosto de 1862.- La vida que quiere afirmarse en nosotros, tiende a restaurarse sin nosotros; repara sus brechas por sí misma, arregla sus telas de araña después de que han sido desgarradas, y restablece las condiciones de nuestro bienestar; vuelve a tejer la venda para nuestros ojos, reanima la esperanza en nuestros corazones, vuelve a infundir la salud a nuestros órganos, y dora de nuevo la quimera en la imaginación. Sin esto, la experiencia nos habría estropeado, gastado, cansado y marchitado sin remedio, demasiado prematuramente, y el adolescente sería más viejo que un centenario. La parte mejor de nosotros sería, pues la que se ignora a sí misma; lo más razonable en el hombre, es lo que no razona; el instinto, la naturaleza, la actividad divina e impersonal, nos curan de nuestras locuras personales; el genius  invisible de nuestra vida no se cansa de proporcionar tela a las prodigalidades de nuestro yo. La base esencial, maternal de nuestra vida consciente, es nuestra vida inconsciente, que vemos tanto como el hemisferio exterior de la luna ve a la tierra, no obstante hallarse ambas invencible y eternamente ligadas. Es nuestro ayrBk0oy, para hablar con Pitágoras . 

S.B.


Enrique Federico Amiel (Ginebra, Suiza)

jueves, 26 de mayo de 2016

POEMA: Heli Colombani.



... Y APARECIÓ EL AMOR

La almohada se suda de trasnocho
y encanece el cabello
adormecido.
Mil luces van cegando la retina
y el humo
es un puñal
que cae sobre la yema de los dedos
y vuelve gris la punta del cigarro.

Afuera se oye el ruido
de las puertas
que doblan su cerrojo 
apresuradas.
Los pasos no son pasos
cuando calzan las horas de penumbra.
La lluvia hace que el techo
se reduzca
para esquivar las gotas,
y un hombre
aquí inclinado,
mantenida la frente con las manos,
sostenidos los codos con las piernas,
soportados los hombros
con el arco que tiende a las rodillas,
mientras clava afilada efervescencia
en la frágil ceniza enronquecida,
piensa
que desde que el amor tiñe sus labios
es sincera su voz,
y preciso su paso,
y mejor y más ancho su camino,
de más sentido la lucha
que realiza y reclama
con mayores razones las palabras,
reducido el dolor
que produce la espera,
la actitud más humana.
Por eso en la noche
(un recuerdo en la frente
y la frente en las manos)
nuevo valor adquiere
este pequeño espacio,
y más calor de humanidad
emerge de los poros
de la sábana.
Un hombre, aquí inclinado,
no dejará que el odio
aletee los párpados.
Ya apreció el amor.
Ya está salvado.


S.B.
Heli Colombani 

POEMA: Heli Colombani


HOY ME LEVANTO Y DIGO

Y ahora
que recobro el aliento
cuando vuelven a mí
nostalgias de futuros luminosos
cuando he bebido
la angustia que transpiran los caminos,
cuando he sabido desbordar
la sangre
y estoy ansioso de volver al huerto.

Cuando la humana escala se ha teñido
con la duda, el amor,
o la agonía,
ahora,
ya alcanzado el reposo momentáneo,
ya disponible
para volver, si es preciso, a otro comienzo,
aquí dejo mi voz,
aquí las páginas entrego,
y salgo en busca
de más amor, de más angustia
o más humanidad.

Hoy me levanto y digo
-termino por decirlo- 
al inicio de otra nueva jornada,
que cuando ya la vida se me escape
ha de ser el momento
en que comience a hablar
lo que hoy al levantarme
voy diciendo.

S.B.

Heli Colombani (Venezuela)


domingo, 8 de mayo de 2016

POEMA: E. Fernández



NUESTRA HORA

Es sólo un instante lo que yo te pido
una hora tan sólo de tu larga vida;
un solo momento para estar contigo;
un momento nuestro, sólo tuyo y mío.
Que nadie nos mire
y que nadie escuche lo que yo te digo.
Hagamos la cita para estar contigo;
un momento nuestro, solo tuyo y mío.
Que nadie nos mire
y que nadie escuche lo que yo te digo.
Hagamos la cita para algún paraje
despoblado y solo,
donde no haya gente, donde no haya ruido,
donde no perturbe nuestro gran momento
ni voz ni sonido.
Donde sólo el eco de tu dulce acento,
música divina, llegue a mis oídos.
Vámonos a un sitio donde estemos lejos,
donde estemos solos y muy escondidos.
En un mundo nuevo, hecho a nuestro antojo;
en un mundo nuestro, sólo tuyo y mío.
Que a nadie le cuente de nuestra escapada,
que a nadie le diga que te vio conmigo;
que guarde el secreto de nuestra entrevista,
 que guarde el secreto de lo que allí hicimos.
Yo quiero un momento, que tú me concedas
tan sólo un instantes a solas conmigo.
¡La vida es tan larga!... Tienes tantas horas...,
y es una tan sola la que yo te pido.
No guardes temores de que se divulgue
que hayas atendido mi insistente súplica;
solamente el cielo, que es mudo testigo,
ha de vernos juntos.
¡Solamente el cielo te verá conmigo!
y yo, por mi parte, guardaré el secreto
de la inmensa dicha que me has concedido
y me iré muy lejos, lejos de tu vida
y de tu camino; y no habrá sospechas
de ese gran momento que juntos vivimos...

S.B.  

E.Fernández

POEMA: Felicien Fagus


EL  LECHO

¡Lecho dulce y sagrado, velado por cortinas;
limpio  y florido lecho que exhala fresco olor;
lecho que ofrece calma en sus sábanas finas;
lecho de nupcias, lecho del inocente amor!

Una luz a tu lado palpita vigilante,
y reza por nosotros una muda oración;
como sobre un altar así es su luz brillante,
ya que el lecho es el sacro altar de la mansión.

Oros suaves, velados por reflejos de rosa,
ostentan las cortinas que nos miran dormir;
lecho cándido y amplio, que de calma rebosa,
y hasta el que llega al alba, de Dios el sonreír.

Mientras Cristo, en la cruz, con mirada serena
junto a la luz vigila nuestro suave soñar,
en la cuna de mi hijo hay rumor de colmena,
de tantas alas de ángeles que vienen a velar.

S.B.

Felicien Fagus (Bélgica)