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miércoles, 28 de octubre de 2015

"DIARIO INTIMO" - Enrique F. Amiel.




A 18 de Mayo de 1862: Regresé desde la una y acabo de cantar todos los aires del mundo en mi cuarto de solitario. ¿Por qué tengo esta alegría? Por haber pasado una tarde saludable, rodeado por una sociedad benigna, y en medio de un conjunto de impresiones suaves. Me agradaba cuanto me rodeaba, y mi simpatía se tornó en cariño. Puse en movimiento a todo el mundo en aquella casa: padres, hijos y huéspedes, estuve riendo, jugando y loqueando; volví a la sencillez infantil y al goce ingenuo y elemental que tanto bien me hace. Sentía yo la influencia irresistible y conquistadora de la bondad. La que multiplica la vida,como el rocío multiplica las flores...
Todavía encuentro en mí, tesoros de candor y de abnegación, para la época en que la vida marital y la paternidad vinieran a reclamarlos. No tengo ninguna ambición mundana, la vida de familia y la vida de inteligencia son lo único que me sonríe. Amar y pensar, son mis únicas necesidades exigentes e indestructibles (...)
Los verdaderos artistas, los verdaderos filósofos y los verdaderos religiosos, sólo gustan de la simplicidad infantil o de la sublimidad de las obras maestras, es decir, de la naturaleza pura o del ideal puro. En mi pobreza siento lo mismo. Todo lo intermedio me hace sonreír . Es preciso adaptarse, pero mi gusto tiende hacia otra parte. En el mundo encontramos semiciencia, semitalento, semidelicadeza, semielegancia y semimérito; ése es el  mundo,y ¿qué haremos del mundo sino una escuela de paciencia y de dulzura? Pero Para la bondad No tengo ya crítica, resistencia ni reserva; le perdono todo porque se sobrepone a todo. Tengo hambre y sed de simple bondad, porque ahora, la burla, la sospecha, la maledicencia, la envidia, la amargura, los juicios temerarios y la malicia corrosiva, usurpan un lugar creciente, y producen en la sociedad la guerra de todos contra casi todos, y en la vida privada la aridez del desierto.(...)


Enrique Federico Amiel.

S.B.


viernes, 25 de septiembre de 2015

Frases de Omar Khayyam



V


Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando en que mañana quizá la luna te busque en vano.


OMAR KHAYYAM

Frases de Omar Khayyam




IV

Procede de forma que tu prójimo no se sienta humillado con tu sabiduría. Domínate, domínate. Jamás te abandones a la ira. Si quieres conquistar la paz definitiva, sonríe al Destino que te azota y nunca azotes a nadie.


Omar Khayyam

sábado, 19 de septiembre de 2015



<< Toda mi juventud retoña hoy. ¡Sírveme vino! No importa cual... ¡No soy exigente! ¡En verdad, quizá hasta al mejor lo encontraré tan amargo como la vida!



Omar khayyam

miércoles, 9 de septiembre de 2015

POEMAS (Andrés Eloy Blanco)



EL DULCE MAL

Vuelvo los ojos a mi propia historia.
Sueños, más sueños y más sueños...; gloria,
más gloria---: odio...; un ruiseñor huyendo...,
ni un rasgo, ni un esbozo, ni una huella
del dulce mal con que me estoy muriendo.

Torno a mirar hacia el camino andado...
mi marcha fue una marcha de soldado,
con paso vencedor, a todo estruendo;
mi alegría, una bárbara alegría...,
y en nada está la sombra todavía
del dulce mal con que me estoy muriendo.

Surgió una cumbre frente a mí; quisieron
otros mil coronarla y no pudieron;
Sólo yo quedé arriba, sonriendo,
y allí, suelta la voz, tendido el brazo,
nunca sentí ni el leve picotazo
del dulce mal con que me estoy muriendo.

Volví la frente hacia el más bello ocaso...
Mil bravos se rindieron al fracaso,
más yo fui vencedor del mal tremendo;
fui gloria empurpurada y vespertina,
sin presentir la marcha clandestina
del dulce mal con que me estoy muriendo.

Fuerzas y potestades me sitiaron,
y prueba sobre prueba acorralaron
mi fe, que ni la cambio ni la vendo,
y yo les vi marchar con su despecho,
feliz, sin presentir nada en mi pecho
del dulce mal con que me estoy muriendo.

Mujeres... por mi gloria y por mis luchas,
en muchas partes se me dieron muchas
y en todas partes me dormí queriendo,
y en la mañana hacia otro amor seguía;
pero en ninguno el dardo presentía
del dulce mal con que me estoy muriendo.

Y un día fue la torpe circunstancia
de quedarnos a solas en la estancia,
leyendo juntos, sin estar leyendo,
mirarnos en los ojos sin malicia,
y quedarnos después con la delicia
del dulce mal con que me estoy muriendo.

S.B.

Andrés Eloy Blanco (Venezuela)