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domingo, 25 de enero de 2015
RUBAIYAT (Omar Khayyam)
<< Nuestro tesoro es el vino y nuestro palacio la taberna. La sed y la embriaguez son nuestros fieles compañeros. Ignoramos el miedo porque sabemos que nuestras almas, nuestros corazones, nuestros cálices y nuestras ropas manchadas, nada tienen que temer del polvo, del agua ni del fuego. (Omar Khayyam)
lunes, 19 de enero de 2015
DIARIO ÍNTIMO (Enrique Federico Amiel)
VÍCTOR CHERBULIEZ
A 5 de abril de 1864.- Leí por segunda vez el Príncipe Vitale, con admiración y casi deslumbrado. ¡Qué riqueza de ideas, de hechos y de colorido; cuánta erudición, qué malicia y qué ingenio; cuánta ciencia y talento y qué irreprochable perfección en el estilo!¡Qué limpidez en la profundidad! Exceptuando el abandono y la cordialidad, el autor reúne todos los géneros de mérito, de cultura y de habilidad. No se lograría ser más penetrante, más matizado ni más libre de espíritu que este fascinador irónico y camaleoniano. Víctor Cherbuliez, como la esfinge, puede tocar todas las liras y se burla de todo con una serenidad goethesca. Tal parece que la pasión, el dolor y el error no han hecho presa de esa alma impasible. La clave de este pensamiento es la Fenomenología del espíritu de Hegel, retocada por Grecia y Francia. Su fe, si la tiene, es la de Strauss: el humanismo. Pero es perfectamente dueño de sí y de su palabra, y se guardará bien de predicar jamás de un modo prematuro .
¿Qué hay en el fondo de esta fuente profunda? Cuando menos encontraremos en ella un gran ingenio, el más desbastado y el más despreocupado que podamos hallar. Se diría que sabe lo que quiere sin tomarse el trabajo de aprenderlo. Es un Mefistófeles tranquilo, de una completa cortesía, de una gracia sonriente y de una exquisita urbanidad. Y Mefisto es un joyero galante, y este joyero es un músico sutil; y este joyero es un músico sutil; y este buen decidor, fino como el ámbar, se burla de nosotros. Su malicia consiste en adivinar todo sin dejar que nada se le adivine, y en hacer presentir que tiene en una mano el secreto universal, pero que sólo en su oportunidad abrirá esa mano, si le place. Víctor Cherbuliez se parece un poco a Proudhon y hace juegos malabares con las antinomias, para asombrar al burgués. Así se divierte burlándose de Lutero y de la Reforma en favor del Renacimiento. Las angustias de conciencia no le interesan al parecer. Su tribunal supremo es la razón. En el fondo es muy hegeliano e intelectualista; pero es una magnífica organización. Sólo será antipático a los hombres de deber que hacen de la renuncia, del sacrificio y de la humildad, la medida del valor individual.
RUBAIYAT (Omar Khayyan)
I
<<Todos saben que jamás murmuré una oración. Todos saben también que jamás traté de disimular mis defectos.
Ignoro si existen la Justicia y una Misericordia. Si las hay, estoy en paz, porque siempre fui sincero.>>.
II
¿Qué vale más? ¿Examinar nuestra conciencia ante la mesa de una taberna o prosternarnos en una mezquita con el alma ausente? No me preocupa saber si Dios existe ni el destino que me reserva.>>
III
<< Sé compasivo con los bebedores. No olvides que tú tienes otros defectos. Si quieres alcanzar la paz y la serenidad, piensa en los desheredados y en los pobres que viven en el infortunio. Entonces te sentirás feliz>>.
IV
<< Procede de forma que tu prójimo no se sienta humillado con tu sabiduría. Domínate, domínate. Jamás te abandones a la ira. Si quieres conquistar la paz definitiva, sonríe al Destino que te azota y nunca azotes a nadie>>.
V
Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando en que mañana quizá la luna te busque en vano>>.
VI
<< De cuando en cuando los hombres leen el Corán, el libro por excelencia, ¿pero quién se deleita a diario con su lectura? En el borde de todos los cálices colmados de vino, triunfa, cincelada, una secreta verdad que debemos saborear>>.
domingo, 18 de enero de 2015
Omar Khayyam.
Breve Comentario
La historia no nos ofrece casi nada definitivamente cierto acerca de Omar. Créese que era el astrónomo de la corte durante el reinado de Malikshah, y se tiene el convencimiento de que llegó a escribir la mayor parte de las cuartetas que se le atribuyen; se conocen su obra sobre el álgebra, su comentario sobre Euclides, sus investigaciones en las intrincadas profundidades de las matemáticas y de la astronomía, y su creación de un nuevo calendario. Tenía su Casa de las Estrellas en Korasán. Al parecer, Malikshah le estimaba gandemente, mientras que, en cambio, Gazali disputaba con él. Su sepulcro está en Nisapur. Tuvo su comienzo de adlolescencia en el año antes de 1125...
Los eruditos orientales y los mismos persas afirman - a pesar de los diferentes cultos y de las escuelas en la actualidad- que la poesís de Omar es la expresión de su propia vida de su experiencia escrito de vez en cuando. Por lo tanto no estaba, como se dice hoy en día, a la publicación.
Cuando se conoce y se puede leer el persa, se cae en la cuenta que tal convicción es la misma realidad. Cuando Omar habla del vino, habla del vino verdadero, no se pone a utilizar las arcanas alegorías de los místicos y de los sufis del momento. Cuando habla de una muchacha, es una joven de carne y hueso y sangre.
Al mismo tiempo, es la suya una investigación poderosa que trabaja sobre los objetos de la realidad. Cuando Omar examina una copa, piensa que el que la hizo no la arrojaría para hacerla añicos contra el suelo- sin embargo de lo cual, los cuerpos humanos quedan maltrechos o en plena decadencia por obra del destino inevitable. Escancia vino de un cántaro y se pregunta si acaso fue en su tiempo un amante que suspiró como él, sus labios junto a los labios de la amada, sus brazos en torno al cuello de ella...
Omar se lamenta por la juventud que le abandona; y grita al copero que se dé prisa en traerle vino porque la noche se apresura con su orgía; llora por sus amigos que le han dejado solitario, en el festín de la vida. Parece anticiparse al estribillo de Villon, que dice: "Or beuvez fort, tant que rupeut courir". Mas Villon pudo escribir su propio epitafio, como un hombre colgado balanceándose en el viento, con una súplica de liberación al Pimer Jhesus, qui sur tous a maistrie, mientras que Omar ha de limitarse a preguntar y preguntar y preguntar siempre a Dios.
Ese su grito de agonía se escucha en casi todas sus cuartetas. La luna, que tanto amaba, saldrá y se pondrá cuando él no esté aquí para poder verla; las flores que se abrirán a la orilla del arroyo -sobre las cuales no debe pisar porque allí podría haber una mano enterrada; el cuerpo de la amada, no es ya más que la tierra de que las flores nacen; sus compañeros le han abandonado..., y ya nunca volverán.
A pesar de las versiones de los pocos traductores, Omar no implora el perdón, ni formula acusación ninguna. Se pregunta porqué el vino ha de ser un pecado cuando el vino proporciona el olvido. A veces flagela con sorna a los tranquilizadores que no ofrecen más filtros que el vino que trueca el dolor en la nada. Y ¿qué otra cosa podría aliviar tal agonía?
Tan persistente resulta esa nota del dolor que es posible seguirla de cuarteta, pero, al hacerlo, se acaba por sentirse obsesionado por él. No hay consuelo alguno. Y se desea verse despojado de él para poder dar algún respiro a la agonía del espíritu que lucha.
Mas no hay respiro alguno. Y el lector siente que el hombre está muriendo ante sus ojos, y que además lo sabe. "No blasfemes del vino, tan sólo es amargo porque es la vida"
Harold Lamb
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